Cuando Pedro y sus compañeros escucharon la noticia y corrieron hacia la puerta del quirófano, Tania, quien estaba inconsciente, acababa de ser sacada.
A su lado, había algo cubierto con una tela blanca.
Con las manos temblando levemente, Pedro levantó la tela para descubrir, para su horror, el cuerpo de un bebé.
En ese instante, sus ojos se tornaron rojos de furia, mordiéndose los dientes con rabia.
Una ira indescriptible brotó de repente en su corazón.
Él le había prometido a Josué proteg