—¿Qué?
Adela quedó atónita, cubriéndose la cara ardiente, algo desconcertada.
"Defendí tu honor, ¿y aún así me golpeas? ¿Qué es esto?"
—¿Qué haces ahí parada? ¡Pide disculpas! —Teobaldo, con un revés, le propinó otra bofetada.
Los grandes no se atreven a provocar, pero a un simple director de jardín de infantes, se le puede manejar fácilmente.
—Lo, lo siento...
Adela, con cara de tristeza, finalmente logró decir unas palabras.
Aunque no sabía qué había pasado, era evidente que esta mujer tenía i