—¿Papá?
Al ver a Horacio sin vida, Lizbeth quedó paralizada por un momento, las lágrimas no dejaban de correr.
—¡Papá! Despierta... Despierta... ¡Despierta, papá! —Lizbeth soltó un lamento desgarrador.
Ella abrazó fuertemente el cuerpo de su padre, con el corazón desgarrado por el dolor, sumida en la más profunda tristeza.
Entre sus ojos, dos líneas de lágrimas de sangre emergieron, cayendo lentamente por sus mejillas hasta el suelo.
No podía creer, ni aceptar, que su único familiar hubiera part