La atmósfera en toda la oficina cayó a un punto gélido. Miguel asintió con respeto:
—Sí, iré a investigarlo ahora mismo.
Miguel se dio la vuelta para salir. Cuando Alvaro estaba solo, el frío en sus ojos se intensificaba, y sus pensamientos volaban sin cesar en su mente. Justo cuando Miguel estaba a punto de abrir la puerta, Alvaro lo detuvo:
—¡Espera!
—Sí, señor.
—Investiga también si Yolanda tiene otros enemigos.
—¡Sí!
A primera vista, parecía un asunto relacionado con Delicia. Pero los rec