Yolanda intentaba desesperadamente ver algo frente a ella, pero no podía ver ni siquiera una sombra de la mano que Alvaro movía delante de sus ojos. La oscuridad era total y abrumadora, envolviendo todo en la habitación del hospital. La atmósfera se volvió tensa y helada.
—¡Luis! —gritó Alvaro, su ira añadiendo un frío gélido al ya tenso ambiente del hospital.
El Dr. Luis, con un escalofrío recorriendo su espalda, se acercó tembloroso:
—Señorita Yolanda, ¿puede ver algo ahora?
Su voz temblaba.