—¿Por qué eres tú? —Yolanda no tenía una buena actitud hacia Antonia.
Antonia, acariciando sus uñas rojas, esbozó una sonrisa burlona.
—Vine a ver con qué habilidades has hechizado a Isabel.
Al pensar en cómo Isabel ahora trataba a Yolanda, Antonia se sentía profundamente inquieta. ¿Qué derecho tenía esta mujer a ganarse el afecto de su madre? Todo en la familia Jimenez le pertenecía a ella: el amor de Isabel, el corazón de Alvaro.
Había pensado que Yolanda era una persona honesta y sencilla,