Isabel estaba decidida a que Yolanda no entraría en su casa bajo ninguna circunstancia, y su enfado era evidente.
—Voy a ir al hospital. —dijo de repente.
—¡Te acompaño!
La astucia en los ojos de Antonia se hizo más evidente. Era claro cuáles eran sus intenciones. Sabiendo que Yolanda era su socia y conociendo bien su carácter, Antonia entendía que, con Delicia fuera del camino, ahora era el turno de Yolanda.
Sin embargo, cuando Antonia estaba a punto de ir con Isabel, esta la detuvo:
—Quédate