Alvaro no tenía idea de lo que había estado ocurriendo últimamente en la Ciudad de México. Estaba demasiado ocupado. Pero ahora, las palabras que escuchaba eran como echar gasolina al fuego, exacerbando su ya furioso enfado. En este momento, era difícil para él mantener la compostura. Con un gesto abrupto, quebró el pie de su copa de vino. Diego sintió un escalofrío, como si la ira de Alvaro se transmitiera a través de él.
A pesar del miedo que le provocaba Alvaro en ese estado, Diego preguntó c