Diego mostraba una cara de descontento. Dejó los cubiertos que tenía en las manos y, su cara de niño, ahora reflejaba una seriedad total:
—¿Acaso has olvidado algo? ¡Ahora mismo me estás pidiendo un favor!
Él era un doctor joven con un conocimiento profundo en el campo de la oftalmología. Alvaro no podía creer que Diego, quien antes parecía tan inmaduro, hubiera alcanzado tales logros, por lo que pagó un alto precio para que regresara al país. En ese momento, estaba allí por Yolanda. Sin embarg