Una esposa para el conde. Capitulo 8
Anabelle estaba pasmada. Lo había seguido hasta el estudio y se mantuvo de pie tras la puerta, escuchando toda la conversación. Cuando se cruzó con el letrado, simuló una sonrisa y permaneció de pie en el umbral de la entrada, observando al hombre que veía a la nada con una copa de balón en la mano. Estaba tan ensimismado en sus pensamientos, que tuvo tiempo de escrutarlo con absoluta libertad.
Su pelo rubio fulguraba a la luz del candelabro dispuesto en su escritorio, y un mechón rebelde le ca