Dos golpes en la puerta de la biblioteca lo arrancaron de sus cavilaciones, y Clay le dio paso a la mujer que dividía sus deseos y su deber en dos.
De inmediato se puso de pie y fue a su encuentro. Ella se lanzó a sus brazos y él la estrechó con fuerza mientras intentaba olvidar el asunto que involucraba a su familia. Sus manos tomaron su rostro y le propinó un suave beso en los labios.
—Ha venido… —musitó muy cerca de su boca—. Temía que…
—Temía que no pudiera escaparme… —completó ella, y él a