—A ella le agrado, pero no quiere desposarse aún.
—Vaya… esas sí son novedades. —Arqueó las cejas asombrado—. ¿Por qué no le haces la corte como dictan las normas? Tal vez desea comprobar si se casará con el caballero confiable que la invitó a bailar o con el demonio salvaje que la rescató en el parque —se burló.
Arthur lo miró hosco.
—Porque no tengo tiempo, Essex. —El conde frunció la frente sin entender—. Mi plan se ha dilatado demasiado y quiero terminar lo que inicié cuanto antes.
«Mientra