Las lágrimas corrían por el rostro de la rubia, como si la fuente de las lágrimas se hubiera destapado por completo.
La pobre chica se encerró en uno de los baños y se sentó con el rostro casi entre las piernas, intentando calmarse y respirar profundo, pero sin llegar a lograrlo. Mientras más lo intentaba, más resonaban las palabras de la mujer estirada en su cabeza: “… Tendrás que hacer mucho más que ser una niña bonita y moverte bien en la cama. A alguien como él le gusta la finura, la elegan