Lara...
Me quito el vestido de novia y abro el grifo de la bañera, que está tibia, una verdadera delicia. Entro y me relajo por un rato, cerrando los ojos y recordando mi hogar. ¿Qué estará haciendo mi padre ahora? Siempre me tuvo para ocuparme de las cosas en casa, y desde que fui al hospital, no sé cómo se las arregla. Estoy inmersa en mis pensamientos cuando veo la puerta del baño abrirse. Grito asustada, encogiéndome en la bañera.
— Disculpa, no sabía que estabas aquí... — dice él, dándose