Lizzie
—¡Elizabeth!
El grito de mi abuela me trae de vuelta a la realidad. Y es que tengo una semana sintiéndome como en una especie de sueño, o más bien, una pesadilla, de esas en las que, aunque tratas con todas tus fuerzas de despertar, simplemente no se puede.
He mantenido en secreto mi embarazo de todo el mundo, incluso de mi mejor amiga, porque es que ni siquiera yo misma puedo creérmelo.
A pesar de lo que decía ese resultado, no fui capaz de confiar en él, y compré cinco pruebas caser