Punto de vista de Adrian
Al mediodía, el dolor de cabeza había desaparecido, pero la inquietud no. Sabía que estaba equivocado y se asentaba en mi pecho, de esos que no responden a la lógica ni a la distracción. Intenté decirme que no era nada. Solo la culpa normal. Solo el regusto de demasiado alcohol y una noche que no debí haber dejado escapar. Pero por mucho que lo repitiera, no se iba.
Intenté trabajar.
Abrí archivos, respondí correos, firmé cosas que normalmente acaparaban toda mi atenció