Punto de vista de Nadia
Los días después del evento no explotaron como a la gente le gusta imaginar que lo hacen los escándalos. No hubo titulares gritones, ni llamadas urgentes en mitad de la noche, ni condenas públicas pronunciadas con indignación ensayada.
En cambio, las cosas se desplazaron en silencio.
Y eso fue peor.
Lo noté primero en las pausas. El medio segundo de más antes de que alguien respondiera una llamada. Los correos que llegaban cuidadosamente redactados, educados y despojados de calidez. Las invitaciones que antes venían con entusiasmo ahora llegaban neutras, distantes, como si temieran comprometerse con mi presencia.
El mundo no se había vuelto contra mí. Se había apartado ligeramente.
Esa mañana estaba en la mesa del desayuno, desplazándome por el teléfono mientras Adrian permanecía junto a la encimera, el café olvidado en su mano. La luz del sol a través de las ventanas se sentía casi burlona en su normalidad. Pájaros afuera. Tráfico zumbando. La vida continuando