Punto de vista de Nadia
Los días después del evento no explotaron como a la gente le gusta imaginar que lo hacen los escándalos. No hubo titulares gritones, ni llamadas urgentes en mitad de la noche, ni condenas públicas pronunciadas con indignación ensayada.
En cambio, las cosas se desplazaron en silencio.
Y eso fue peor.
Lo noté primero en las pausas. El medio segundo de más antes de que alguien respondiera una llamada. Los correos que llegaban cuidadosamente redactados, educados y despojados