Punto de vista de Nadia
La pistola estaba firme.
Eso fue lo primero que noté, no el hombre que la sostenía, ni la forma en que Adrian se movió delante de mí o cómo Damien redistribuyó su peso como si se preparara para atacar, sino la quietud en la mano de ese hombre. Sin vacilación. Sin nervios. Solo certeza.
No era el tipo de certeza que se apunta a un objetivo cualquiera.
Era la que se reserva para algo que has estado esperando.
Para mí.
"Apártate", dijo el hombre, con voz plana y controlada,