Punto de vista de Nadia
El sonido de botas sobre el empedrado se acercaba, lento pero inexorable, como el tictac de un reloj que ya había marcado nuestra sentencia. Me quedé congelada detrás de la fuente seca, con la espalda pegada a la piedra fría y el corazón golpeándome las costillas. La estatua del ángel sin alas parecía inclinarse un poco más hacia nosotros, como si quisiera escuchar mejor nuestra última conversación antes del final.
Adrian me apretó la mano con más fuerza, su voz apena