Punto de vista de Nadia
Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros mucho después de que las pronuncié, pesadas e irreversibles, y por un momento nadie habló porque el silencio tenía dientes, lo suficientemente afilados como para cortar cualquier frágil equilibrio que hubiera existido antes. Adrian no se movió, pero sentí la tensión irradiando de él como calor, controlada y peligrosa, mientras Damien solo me observaba con esa paciencia callada e inquietante que hacía imposible olvidar que