Llegué a la oficina pasada el mediodía. Respiré hondo varias veces, intentando tranquilizarme. Hoy mismo pienso darle al señor Evans mi respuesta.
Después de pensarlo toda la maldita noche, ya tengo clara mi decisión.
Cuando el elevador abre sus puertas y bajo, mi cuerpo se detiene de golpe al ver a mi jefe sentado en la silla frente a mi escritorio, con ambas manos entrelazadas sobre su cabeza.
¡Esto sí que es una sorpresa!
Me mira y, al verme, se levanta de la silla. Mi cuerpo reacciona autom