El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. Savannah estaba sentada en la vieja mecedora del porche, observando el paisaje que había sido su hogar toda la vida. Su madre, Jennie, salió de la casa con una taza de café humeante en las manos, y se sentó a su lado, en una silla desgastada por el tiempo.
—Savannah —comenzó Jennie, con la voz un poco temblorosa—. He estado pensando en todo lo que está pasando entre y Maximiliano tú.
Savannah la mir