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Jameson e Isabella se encontraban juntos en la cama, envueltos en la suave penumbra de su habitación.
La luz de la luna se filtraba por las cortinas, pintando destellos plateados sobre las sábanas blancas y el aroma de las flores frescas se colaba por la ventana abierta, perfumando el aire con su dulce fragancia.
Isabella, su hermosa esposa pelirroja, se recostó delicadamente sobre el pecho de Jameson Howard, y en un susurro suave, rompió el silencio: