Capítulo XXX: Hendrik (Parte Dos)
Leyna salió de la habitación y notó el terrible silencio del pasillo.
Ella dio vueltas un par de veces, sin encontrarse ni siquiera con los empleados que trabajaban en el lugar.
Los días que llevaba se dio cuenta que esa ala de la mansión solía ser privada y solitaria, ya que era el lugar en donde Josh más frecuentaba. Sus pies se detuvieron en una amplia entrada de dos puertas de madera de roble. Conocía a la perfección que ese era el despacho de su prometido,