Capítulo XXXI: La voy a Perder
La tarde del martes llegó demasiado rápido, que Josh ni cuenta se dio, cuando Amelia ya estaba en el vestíbulo esperándole, lista y ansiosa para el reencuentro con su hijo menor. Ella le había pedido a una de sus empleadas que empacaran los dulces favoritos de Hendrik.
Josh cuando la vio tan solo hizo una mueca, ya que su madre nuevamente vestía elegante con un traje de dos piezas color crema y bisutería sencilla en oro amarillo.
—Cambia esa cara —le pidió Amelia