Mientras Annie vivía un momento de intensa felicidad y nostalgia, Thomas tenía que enfrentarse, a su cruda realidad, junto a Alice.
Cada vez bajaba de su coche y cruzaba la puerta de la mansión, tenía que lidiar con la situación emocional de Alice, la cual, la mayoría de las veces, le resultaba impredecible.
Había momentos en los que se quedaba en silencio, con la mirada perdida, acariciándose el vientre vacío como si aún pudiera sentir a su hijo. En otros, la rabia la consumía por completo