El fin de semana llegó. Por suerte para Annie no tenía que levantarse temprano, ni tenía que enfrentarse a la rutina, mucho menos sonreír cuando sólo deseaba llorar. Sin embargo, eso no aliviaba en nada su dolor. Al contrario, el dolor permanecía intacto, insistente.
Le dolía reconocer que todo lo que había construido con Thomas en secreto –como una pacto entre amantes–, se desmoronaba sin remedio. Aquello que había sentido tan real, tan posible, quedaba ahora congelado en el tiempo como un r