Las manos de Thomas comenzaron a acariciarme. Mi piel reaccionó de inmediato. Era como si la reconocieran al primer roce de sus dedos.
Aunque quería apartarme de él y huir –aún estaba a tiempo– no lo hice. Quería sentirlo aunque fuese la última vez antes del divorcio o antes de que volviera a casarse con Alice.
Sus labios abandonaron los míos, aventurándose a recorrer mi cuello, mi pecho. De un tirón desabotonó el camisón de algodón dejando expuestos mis pechos. Cerré los ojos y me sumergí