El resplandor de la luz de la mañana se filtró por las cortinas de seda obligando a Alice a abrir los ojos. Buscó con la mano, el cuerpo de su amante, pero no lo encontró. Se incorporó lentamente en la cama para sentarse. Miró a su alrededor, estaba sola.
Un papel sobre la almohada llamó su atención. Tomó el trozo de servilleta y leyó el mensaje: “Por si quieres repetir.” Y en la parte de abajo un número telefónico con la inicial de la letra E.
Alice sonrió con picardía mientras se cubría co