El coche se detuvo frente a la imponente fachada de la mansión Martin. Thomas ayudó a Alice a descender del coche.
—¿Te sientes bien? —preguntó al ver que ella se sostenía de la puerta del auto.
—Sí. Sólo un poco mareada, pero bien.
Él la rodeó por la cintura y ambos caminaron hacia la entrada de la mansión. Apenas cruzaron el umbral, René apareció desde el fondo del vestíbulo.
—¡Señorita Alice! Bienvenida… bienvenida a casa. —exclamó visiblemente emocionada al ver a la hija de su patró