Mientras hablaba, la joven miraba fijamente a la nada y se comía las uñas. Olga estaba bajo mucha presión, por eso sus peores hábitos estaban volviendo a ella, y necesitaba contrarrestarlos de alguna manera.
» Sabes qué, no importa nada —aseguró Olga, caminando hasta su hermana para atraparla por la cara y presionar con fuerza sus mejillas, lastimando el interior de estas por su roce con los molares—... De todas formas, esa mujer tiene que dejar este mundo para que yo pueda ser feliz, así que