CAPÍTULO 57

—Si te quiero —aseguró la anciana—, pero como la tía de Mía, como querría a una sobrina si tuviera una, también a Julissa la quiero, porque son mi familia, pero no puedo darte la razón cuando no la tienes, y no puedo solo aplaudirte que me hagas lo que me estás haciendo. No me quites a Mía, por favor, Olga.

—Entonces, no me quite mi lugar al cual regresar —pidió Olga, llorando, tomando las manos de la mujer que lloraba frente a ella—. Elíjame esta vez, y cuidemos a Mía juntas. Por favor.

El c
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