—¿Sabes qué noté? —preguntó Maximiliano, luego de caminar hasta la habitación de Marisa, lugar en donde dejó sus maletas en el taburete que estaba al pie de una cama que habían compartido una vez.
Marisa no respondió con la boca, alzó la cabeza en señal de pregunta, al tiempo que alzaba las cejas y abría enormes los ojos; y el hombre sonrió un poco divertido.
» Que estás muy calladita —respondió el hombre, con esa sonrisita divertida mientras iba caminando hasta donde la joven se mantenía un