Estacionó su auto en la cochera de su casa y estuvo tentada a cerrar el portón antes de que Maximiliano llegara hasta ella, pero no se atrevió a presionar el botón de cerrado, aunque no se sentía capaz de despedirse de ese hombre.
Lo vio, sin bajar del auto, por el retrovisor, caminando hasta ella, y mientras el nudo en su garganta se hacía más grueso, sus lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas.
Era doloroso. Ellos apenas habían iniciado a amarse de verdad, conscientes de lo mucho que e