Mundo de ficçãoIniciar sessãoCapítulo veinticuatro: Hermana ebria
La multitud aplaude para animar a las chicas en el escenario. Desde nuestra mesa, nosotros hacemos exactamente lo mismo. Debe ser el exceso de copas, porque se escucha horrible y sin embargo, la gente no deja de gritar por más. Clinton y yo somo los únicos que hacemos una mueca lastimera de vez en cuando, lo que reafirma mi pensamiento; puesto que somos los únicos sobrios del grupo. Él es el conductor designado mientras que a mí no me apetece.<






