Con paso lento y amenazante, Hansen se acerca a aquella sacerdotisa, y aun cuando el pánico está presente en el rostro de la mujer, mantiene su rostro a una altura altiva, negada a doblegarse ante un ser tan despreciable como el antiguo anciano.
— No está bien que diga cosas así sobre nuestros hermanos — suelta el hombre con odio implícito en sus palabras. —, pero les daré una razón para seguir dando su amable ayuda. — Un grito ahogado se queda dentro de las sacerdotisas al ver como el lobo ace