Massimo Parrow, sabía que ella lo estaba mirando, pudo sentirlo. —vamos, es hora de ser atendido como un rey— dijo dándole una nalgada en el trasero
—lo que tú digas guapo— sonríe ampliamente buscando sus labios con ferocidad y mientras se besan caminan a la habitación
Y allí quedó Selene, estática, sin poder dejar de mirar a la terraza solitaria, dónde escasos segundos vio al hombre que ama con otra mujer y eso fue demasiado frustrante.
Sentía que sus huesos dolían, que necesitaba acostarse e