Por enésima vez, Abner dejaba escapar un ligero bostezo, ni el barullo que se producía en aquel restaurante lograba animarlo. Lo peor de todo, era que tenía que aguantar a la muchacha frente a él, que no hacía más que empeorar su aburrimiento. Era tan callada, que tenía que sacarle las palabras casi a fuerzas y no estaba de humor para eso, cosa que no se preocupó en disimular.
Era la quinta cita a la que tenía que acudir, obligado por su abuela y la misma Calisto.
Pensar en ella, le hizo esboza