Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 35: Un esposo protector.
—No puedo evitarlo, Angus —dijo uno de los hombres con una sonrisa—. Tu mujer es preciosa.
Angus gruñó en respuesta y apretó más fuerte la mano de Leonor. Para su sorpresa, ella solo rió, tirando un poco de su brazo como para indicarle que se calmara.
—No te preocupes, Angus —dijo Leonor, suavemente. Sus ojos brillaron con diversión—. Soy capaz de cuidarme sola.
Pero Angus no estaba convencido. Siguió sosteniendo su mano, sus ojos, nunca dejando a los hombres que la habían estado rodeando.
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