Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 17: La huida de Laudina.
Las luces doradas del vestíbulo del hotel bañaron a Falconer con un cálido resplandor cuando él y su compañera cruzaron el umbral. Por sus venas corría una energía nerviosa, un zumbido silencioso que amenazaba con traicionar su fría apariencia.
Cuando entraron en la suite, lanzó una rápida mirada hacia ella, buscando una distracción, un tema, cualquier cosa que desviara su atención de lo que temía que se avecinaba.
—Mira ese cuadro —dijo, señalando un remolino abstracto de colores en la pared—