32. Tu jefe
32. Tu jefe
El silencio reinó en la habitación; Nathan se movió como un fantasma. Abrió el closet, fue al cuarto de baño y volvió. Todo bajo la atenta mirada de Layla. Ella no se atrevía a hablar, temía que, si rompía el silencio, se desatara una guerra monumental.
Pero… ¿Cuánto tiempo podría evitarla? ¿Cuánto tardaría Nathan en explotar? Su silencio le provocaba más ansiedad que sus gritos.
—Ven —pidió.
La ternura en su voz contradecía lo que su cuerpo gritaba. Sus movimientos en la habitación