24. Renuncia
24. Renuncia
El vaso resbaló de la mano de Livi, estrellándose en el piso, rompiéndose en pedazos y manchando la alfombra de la sala de sus padres. Tenía los ojos abiertos como platos, sus labios se abrieron y cerraron de golpe, viendo a su hermano como si le acabara de brotar otra cabeza.
—Te juro que no tenía la más mínima idea de que el agente que solicitaban era para Layla —dijo, soltando el aire.
Livi seguía sin reaccionar.
—Envíe la solicitud a la agencia hace casi seis meses. Te juro, L