STEVEN
Hace más de una hora que he vuelto a la casa, que he pasado sentado en el sofá mirando la pantalla del televisor sin luz.
Le pedí a Sarah que cancelara todas las citas del día, estoy cansado y desmoralizado, no sería capaz de concentrarme en asuntos que requieren toda mi atención.
Pienso en los últimos días y sonrío con amargura, la pícara duendecilla me ha engañado, lo que no es habitual en mí, que me considero uno de los hombres más astutos y perspicaces de la jet set neoyorquina.
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