CAPÍTULO 11

STEVEN

Alan entra en el despacho y cierra rápidamente la puerta.

Me encuentra inmóvil, con las manos en las caderas y la cara contorsionada por la ira, en el mismo lugar donde tuve a Olivia en brazos.

Todavía no puedo superar las palabras que me dijo antes de huir como una cobarde, cuando para mí oler su perfume y sentir la suavidad de su forma sobre mí era una sensación excitante y embriagadora.

Quise besarla, probar el néctar de sus labios, pero me apartó como si fuera el ser más baboso del p
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