Al entierro de mis padres, nada más estuvieron los más conocidos por mi ya que no quise decirle nada a mi marido para que Arianna me dejara tranquila. Al terminar todo, Mario puso a mi disposición su avión privado para que yo volviera a Milán. Al llegar y desde el mismo aeropuerto llamé a Tom el chofer de la limusina de mi marido para que me recogiera,
Tom paró el vehículo en la misma puerta de mi casa, entre en ella recibiendo un fuerte abrazo de la sirvienta, nos abrazamos pero yo no estaba