Nada más hacer la pregunta Carlos me eché a reír como si me hubiera contado alguien un chiste, cambiando el semblante de su cara como si lo hubiera insultado. Que cartel en su sano juicio cambiaria una tonelada de cocaína pura por una noche de pasión, nadie se lo creeria y Carlos pensaba que yo era una idiota, pero estaba muy equivocado, porque yo me acostara con el hombre que a mi me diera la gana, no con un violador de poca sabiendo que no estaba muy bien en sus cabales.
— Dejame pensarlo, au