CAPÍTULO 77. Una razón con nombre y apellido
La palabra cayó en la sala como una piedra en un estanque, con ondas que prometían expandirse más allá de lo que nadie había imaginado.
“Un heredero” .
Durante un segundo nadie se movió. Susan sostenía la taza de café a medio camino de los labios y, al escuchar aquello, comenzó a toser con una violencia muy poco elegante. El café estuvo a punto de derramarse sobre su blusa perfectamente planchada, pero eso no pareció importarle en absoluto.
—¿Perdón? —logró articular cuando recuperó el aliento