CAPÍTULO 141. El señor de la guerra
Boyce soltó una risa nerviosa, casi histérica, y negó con la cabeza, como si intentara convencerse a sí mismo de que aún tenía el control.
—De cualquier forma no voy a salir vivo —escupió porque sabía que la presencia de su jefe ahí no era precisamente para ayudarlo—. La única forma en que voy a salir de este almacén es en una bolsa para cadáveres, así que no me importa a quién me lleve conmigo.
Azazel sonrió entonces, con una expresión tan oscura que hizo que el aire pareciera incluso enrareci