CAPÍTULO 35

Anna llamó a la puerta de Laura temprano por la mañana. Al principio no obtuvo respuesta. Volvió a llamar y pudo oír a Laura soltar una maldición desde dentro. Anna soltó una risita y negó con la cabeza.

—¡Laura, soy yo! Abre la puerta —dijo.

Todavía llevaba puesto el camisón y ni siquiera se había duchado.

Se escucharon algunos gruñidos desde el interior y, finalmente, la puerta se abrió, revelando a una Laura somnolienta. Seguía en pijama, y las arrugas de la tela dejaban claro que acababa de
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