Al llegar a su destino, Stephen ayudó a Anna a bajar del coche. Sus manos permanecieron sobre la cintura de ella un instante más de lo necesario. Anna levantó la vista para mirarlo, sintiendo cómo su corazón se aceleraba.
En ese momento deseó, con toda la intensidad de su ser, que él la abrazara, que la besara y que jamás la dejara ir.
Pero sabía que aquello era imposible.
Reprimió inmediatamente esos pensamientos.
Ambos estaban atados a compromisos que no podían ignorar y no podían dejarse lle